Historia del Teatro

Carlos Peniche Ponce, extractos del libro: Teatro Peón Contreras, Biografía de un Monumento, México, D.F., 2008.

Los Orígenes

En los inicios del siglo XVII el Ayuntamiento de Mérida, recibe, en donación de don Martín de Palomar al morir, la céntrica manzana formada por las calles 57 y 59 y las calles 58 y 60, donde se fundaría, por disposición testamentaria, el Colegio Jesuita de San Francisco Xavier, convertido muy pronto en Universidad, y el templo de El Jesús, conocido después como Tercera Orden.

Años después de la expulsión de los jesuitas, ocurrida en 1767, don Benito Pérez Valdelomar, gobernador y capitán general de la Provincia de Yucatán, vende una parte de dicho edificio universitario a Don Pedro José Guzmán, quien, junto con Joaquín de Quijano, costeó en ese albergue la edificación del Teatro San Carlos, iniciado en enero de 1806 y concluido en octubre de 1807. Su vida sería efímera pues cayó devorado por las llamas a mediados de la década siguiente.

En 1831, con objeto de levantar otro coliseo, adquiere el terreno don Ignacio Quijano y en noviembre de ese año dan inicio las funciones, con el teatro casi terminado. Pasa a manos de don Pedro Casares en 1834 y su sucesión lo retuvo veinte años.
En 1861 se completa la venta – ya que en 1854 se había convenido en una primera escritura – del Teatro San Carlos a la sociedad formada por los señores Antonio García Rejón, Francisco Guardamino, Antonio Bolio y Francisco Zavala, quienes promovieron la afición al arte escénico entre el público meridiano, desalentado y abatido tras los estragos causados por la etapa armada (1847-1850) de la sublevación campesina denominada Guerra de Castas.

En 1871 la sociedad propietaria del inmueble se reduce a don Antonio Bolio y, en una cuarta parte, a don Carlos Mañé.
En 1877 queda como único propietario del coliseo San Carlos don Antonino Bolio, al grado de adoptar efímeramente el nombre de Teatro Bolio, ya que, inaugurado en abril de 1878, ofreció solamente una temporada teatral.
En diciembre del mismo año, adquirido el inmueble a través de singular permuta por don Francisco Zavala, conocedor y devoto teatrófilo, los periódicos Semanario Yucateco y La Revista de Mérida le solicitaron imponer al antiguo coso el justificado nombre de Teatro Peón Contreras, en honor al dramaturgo y poeta, médico y psiquiatra yucateco radicado desde su juventud en la capital, en cuyos prestigiados escenarios sus obras teatrales lo habían ya consagrado entre los más notables dramaturgos mexicanos. La sugerencia fue inmediatamente aprobada y aplaudida por el señor Zavala, y en la noche del día 27 del mismo mes de diciembre de 1878, se impuso su nombre al viejo coliseo.

A finales de 1891 el fallecimiento de Francisco Zavala trasladó la propiedad a su viuda doña Adelaida Castillo.En el mismo año, la señora Castillo vende el teatro y el edificio contiguo de dos pisos por la cantidad de $75,000.00 a la Empresa Teatral de Mérida SA, integrada por Augusto L. Peón, Emilio García Fajardo y Gonzalo Cámara Zavala, entre otros.

Nuevo Teatro Peón Contreras

Primera década del siglo XX

Una vez adquirida la propiedad, se procedió a su demolición con el fin de construir un teatro nuevo, en consonancia con el señorío alcanzado por la ciudad y en favor del público meridano y la producción teatral.
Después de lamentables vicisitudes en la inversión del capital y la construcción del nuevo teatro – que parecía interminable – la Empresa Teatral de Mérida SA entró en quiebra, obtuvo liquidación judicial y el terreno y lo construido salieron a remate. Adquirida la propiedad en 1906 por don Augusto L. Peón, éste la vendió a la Sociedad Regil, Portuondo y Compañía, que logró salvar el proyecto y reanudar y concluir la construcción del majestuoso edificio. Por fin, el nuevo Teatro Peón Contreras fue inaugurado oficialmente el 21 de diciembre de 1908.

Segunda década

Estos años son los del apogeo de la operetta. El teatro fue escenario también de numerosas veladas literarias, conferencias, cantos corales, exhibiciones cinematográficas, veladas escolares, audiciones de piano y violín.

Tercera década

En este decenio se incrementan las exhibiciones cinematográficas y las veladas, mientras disminuye el género propiamente teatral. Se proyectaron películas, filmes de funciones de boxeo y de corridas taurinas.
El busto de bronce del poeta José Peón Contreras fue develado el 7 de Febrero de 1928.

Cuarta década

En estos últimos años, antes de ser convertido exclusivamente en cinema, el Peón Contreras se precipitó en su decadencia hasta su formal desaparición. Predominó en esta época el escenario para conciertos, zarzuelas, veladas y variedades, y algunas obras teatrales.

Ayer y hoy

De 1940 hasta el año 1974 – es decir, durante treinta y cuatro largos años – va el Teatro Peón Contreras a purgar una injusta condena como sala de cinematógrafo. Peor aún, se convirtió prácticamente en una especie de cine de cuarta, falto de higiene y víctima de depredadores. A su cierre definitivo como salón cinematográfico, le siguió un vergonzoso período de clausura total y de completo abandono, que se prolongó por cinco años, durante los cuales el majestuoso coliseo de la calle 60, invadido por ratas y murciélagos, llegó a semejarse a un verdadero muladar. No fue sino hasta el año de 1979 – al decretarse su expropiación pública – cuando pudo dar inicio el proceso de restauración y reacondicionamiento, y lograrse finalmente su reapertura en el año de 1981.

Nuevos Tiempos

Maria Teresa Mézquita Méndez, extractos del libro: Teatro Peón Contreras, Biografía de un Monumento, México, D.F., 2008.

El 13 de diciembre de 1981 fue reinaugurado el Teatro Peón Contreras, que comenzó el 18 del mismo mes una temporada de doce conciertos de la Orquesta Sinfónica del Estado, bajo la dirección del maestro huésped Antonio Cabrero y del titular de la misma, el doctor Carlos Tello Solís. La orquesta constaba de setenta músicos locales, nacionales y extranjeros.

Tal vez por el gusto de los yucatecos, tal vez porque es el medio favorito o más accesible, o porque “aplaca hasta a las fieras”, o por todas las razones anteriores, definitivamente la música, ya sea clásica o popular, en todas sus expresiones, ha sido la gran estrella de los veinticinco años de segunda etapa de vida del Teatro Peón Contreras.

Pablo Chico Ponce de León, extractos del libro: Teatro Peón Contreras, Biografía de un Monumento, México, D.F., 2008

El Teatro Peón Contreras se coloca a la par de otros importantes escenarios teatrales de la República Mexicana; si bien es de una dimensión menor a la del Teatro Nacional de Bellas Artes, mantiene una relación equivalente con los teatros de otras capitales de los estados, tales como el Teatro de La Paz en San Luis Potosí, el Teatro Degollado de Guadalajara, el Teatro Macedonio Alcalá de Oaxaca o el Teatro Juárez de Guanajuato, por citar los más notables.

La autoría del proyecto meridano corresponde a un arquitecto italiano; en este sentido y también en términos de época de construcción, el Peón Contreras está más relacionado con el Teatro de Bellas Artes de México, obra del italiano Adamo Boari, quien inicia los trabajos en 1904, cuatro años después del comienzo de la edificación del teatro de Mérida.

El Teatro Peón Contreras fue declarado monumento artístico conforme la Ley Federal de Monumentos y Sitios Arqueológicos, Históricos y Artísticos, y para su recuperación se procedió a un proceso jurídico de expropiación, y dos años después, el 18 de diciembre de 1981, culmina el proceso técnico de restauración. Sin embargo, el proceso más valioso ha sido el de su plena incorporación a la vida cultural de la ciudad.

La Bóveda

Así como en toda buena obra escénica los momentos culminantes se presentan precedidos por partes o pasajes, así en el Teatro Peón Contreras, uno de los grandes momentos para el visitante o para el espectador, se presenta al entrar a la sala de espectadores delimitada por los diferentes niveles de palcos y coronada por la espléndida bóveda con la alegoría neobarroca en los frescos de Nicolás Allegretti.

El Candil

El gran candil tiene, además del aspecto simbólico complementario de la pintura de la cúpula, como alegoría de la Luz o de Apolo, una gran calidad estética que complementa el ajuar del teatro. Esta joya de cristal cortado, que posee un total de doscientas cincuenta luces y que alcanza un peso de setecientos cincuenta kilogramos, sufrió daños a causa del paso por Mérida del huracán Isidoro en 2002, por lo cual tuvo que ser restaurado en el siguiente año.